La tercera cultura

En la séptima tarea de Epistemología y Cultura Científica se nos pide comparar brevemente las caracterizaciones de la tercera cultura que introducen respectivamente Snow y Brockman en los textos “Las dos culturas: un segundo enfoque” y “La tercera cultura: más allá de la revolución científica”, respectivamente.

Comenzaré hablando de Snow, que introduce en concepto de tercera cultura en la revisión del libro que publicó en 1959 bajo el título “The two cultures”. Para el autor, la división entre las dos culturas, la literaria y la científica, está haciéndonos más “obtusos”. Sin embargo, si restauramos la comunicación entre ambas “podremos educar a una considerable proporción de nuestras mejores inteligencias a fin de que no sean ignorantes de la experiencia imaginativa, en las artes como en la ciencia, ni lo sean tampoco de los dones de la ciencia aplicada”.

Snow también apunta a los cambios en la enseñanza como herramienta para introducir la tercera cultura, aunque no como única solución. De hecho, afirma que “Los cambios en la enseñanza no resolverán por si mismos nuestros problemas, pero sin esos cambios ni siquiera sabremos en qué consisten los problemas”. Concluye así mismo que para cumplir su cometido la tercera cultura “no tiene más remedio que entenderse en su propio lenguaje con la cultura científica”

En la introducción de su libro, Brockman hace una revisión de las ideas de Snow y presenta algunas de las suyas acerca de la tercera cultura. Para él, la tercera cultura reúne a aquellos científicos y pensadores que a través de su obra “están ocupando el lugar del intelectual clásico a la hora de poner de manifiesto el sentido más profundo de nuestra vida, replanteándose quiénes y qué somos”.

Brockman coincide con Snow en que en los años 30 la cultura literaria se apropió del termino intelectual, no considerándose así a los científicos. En su opinión, esto se debía a dos motivos: que los hombres de ciencia no supieron defender la transcendencia de su trabajo y que los que se decidieron a dirigir su obra al publico general fueron ignorados, tanto por los intelectuales de letras como por los periódicos y revistas dominantes.

Sin embargo, aunque Brockman adopta el término de tercera cultura señala que no está del todo de acuerdo sobre cómo Snow predijo que se desarrollaría. El autor afirma que los intelectuales de letras siguen sin comunicarse con los científicos y que son estos últimos quienes se están comunicando directamente con el público, expresando sus reflexiones más profundas de una manera accesible para el público lector inteligente. También señala que mucha gente tiene interés por nuevas e importantes ideas científicas y que estas personas están dispuestas a hacer un esfuerzo autodidacta para informarse, porque entienden que en el ámbito científico se tratan asuntos que afectan a las vidas de todos los seres del planeta. Por eso, dice que el quehacer intelectual incluye a la comunicación y que “los intelectuales no son sólo gente que sabe, sino gente que modela el pensamiento de una generación.

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