Los valores de la ciencia

En la 4ªtarea de la asignatura Introducción a la Filosofía de la Ciencia hemos visto que Robert K. Merton estudió científicamente la organización social de la ciencia y propuso los siguientes valores respecto al sistema normativo que la rige como institución social: el comunismo, el universalismo, el desinterés y el escepticismo organizado.

Durante muchos años, los valores de Merton han sido considerados esenciales para la construcción de conocimiento sobre el mundo y sobre cómo funciona y han sido compartidos por la comunidad científica. Sin embargo, a medida que el conocimiento y la comunidad científica han ido evolucionando, algunos estos valores han perdido vigencia. Por ese motivo, en el 2000, el físico John Ziman propuso una versión actualizada de estos valores, que yo creo que es muy acertada:  

  • Comunismo: Todos los científicos deberían tener el mismo acceso a los bienes científicos y debería haber un sentido de propiedad común al objeto de promover la colaboración.
  • Universalismo: Lo importante en la ciencia no es quién la practica, sino su contenido, los conocimientos que adquirimos acerca del mundo y de los fenómenos que ocurren en él. Todos pueden contribuir a la ciencia con independencia de su raza, nacionalidad, cultura o género.
  • Desinterés: Se supone que los científicos actúan en beneficio de la sociedad y del conocimiento científico, y no por su propio beneficio. Sin embargo, este desinterés personal no debe confundirse con altruismo y que el beneficio de un descubrimiento científico no debe entorpecer la extensión del conocimiento sin dejar de favorecer a quien lo ha realizado.
  • Escepticismo organizado: Todos los miembros de la comunidad científica pueden formular hipótesis o teorías científicas, pero cada una de ellas debe ser evaluada, sometida al filtro de la prueba o la refutación para comprobar si se sostiene. Solo las propuestas que pasen con éxito esa prueba pasarán a formar parte del conocimiento científico universal. Sin escepticismo es fácil anteponer el interés personal al de la comunidad científica.

No soy científica pero, en mi opinión, las normas de Merton suponen un buen punto de partida para la labor investigadora, tal y como el código deontológico supone una buena base en el periodismo. Siempre habrá quien, en la práctica de la profesión, se aleje de esta base por el propio beneficio o por la dinámica del día a día, pero no significa que no sea de utilidad.

El sistema científico no es perfecto, ni mucho menos, pero ante los debates éticos, los conflictos de intereses, las desigualdades, la prevalencia de los intereses económicos y otros muchos problemas de la ciencia en la actualidad, siempre será útil tener unos valores universales como base.

En esta tarea también hemos conocido el ejemplo de uno de esos problemas que tiene la ciencia actual, la falta de criterio y rigor en la evaluación de las publicaciones, fue visibilizado por el famoso engaño de Sokal. Este escándalo surgió cuando el físico Alan Sokal consiguió que la revista Social Text publicase un artículo donde afirmaba que la gravedad es una construcción social y que existe solamente porque la sociedad se comporta como si existiera, por lo tanto si no creyéramos en ella no nos afectaría. Para ello, Sokal afirmaba que solo había necesitado usar jerga técnica, algunas citas grandilocuentes fuera de contexto y usar frases aduladoras sobre las ideas preconcebidas de los editores. De esta manera, el físico expuso la falta de rigurosidad a la hora de evaluar las publicaciones de una revista de estudios culturales.

Cabe señalar que cuando se llevó a cabo el experimento Sokal, la revista aún no contaba con un sistema de revisión por pares. En la actualidad este sistema somete al escrutinio de otros expertos del campo científico en el que se sitúa una publicación con el objetivo de mantener los estándares de calidad y a proporcionar credibilidad.

Sin embargo, este sistema no garantiza la rigurosidad de las publicaciones y tiene bastantes críticos.  Por ejemplo, se acusa a algunas revistas de no ser tan rigurosas en las evaluaciones de los trabajos de autores que pagan una cuota antes de la publicación o de ser propensas a los sesgos en función del origen y reputación del autor, dejando de lado la imparcialidad.

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